Textura arenosa y alma tradicional definida por la finura del maíz y el dulzor del manjar blanco. Es el bocado que se deshace en el paladar evocando las tardes de hogar, una galleta melosa y vibrante que celebra nuestra identidad. Pura suavidad artesanal en cada mordida.

Cierne la harina de maíz, el almidón de maíz, el polvo de hornear, la canela molida y la sal en un bowl. Mezcla breve para que los secos queden parejos y sin bolitas.
En otro bowl trabaja la mantequilla sin sal con el azúcar en polvo por 2 minutos, hasta que se vea cremosa y pálida. Agrega las
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Incorpora los secos en dos tandas y une con suavidad hasta formar una masa compacta. No amases de más: cuando ya no veas harina suelta, la masa está lista.
Cubre la masa y refrigera 15 minutos. Forma 32 bolitas pequeñas, aplánalas apenas y ponlas en una bandeja con papel manteca, dejando espacio corto entre ellas.
Hornea a 170 °C por 13 minutos, hasta que las bases estén apenas doradas y la superficie siga pálida. Deja enfriar 10 minutos en la bandeja antes de moverlas; calientes se quiebran fácil.
Une las tapas frías con manjar blanco, usando una capa pareja y sin desbordar. Presiona apenas para armar 16 maicillos; deben sentirse frágiles, arenosos y con centro meloso.