Una bebida amazónica de yuca fermentada, espesa y viva. La yuca y el camote forman una base cremosa que gana una acidez suave durante el reposo, con el dulzor justo para mantenerla amable y refrescante. Un sabor profundamente ligado a la hospitalidad de la selva peruana que vale la espera.

Pela la yuca y el camote, corta ambos en trozos medianos y retira la fibra central dura de la yuca. Cocínalos en la mayor parte del agua durante 25 a 30 minutos, hasta que la yuca esté completamente blanda, se abra en los bordes y pueda aplastarse sin resistencia. Escurre bien y desecha esa agua de cocción.
Aplasta la yuca y el camote todavía calientes hasta obtener una masa bastante uniforme; luego incorpora el azúcar rubia y una parte del agua limpia poco a poco, mezclando hasta formar una crema espesa sin trozos grandes. Déjala entibiar durante 10 a 15 minutos, hasta que el recipiente se sienta tibio y ya no desprenda vapor fuerte.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Incorpora la levadura seca cuando la mezcla esté tibia y remueve hasta distribuirla bien. Pasa la base a un frasco de vidrio muy limpio, dejando espacio libre arriba, y coloca la tapa sin cerrarla herméticamente. Fermenta a temperatura ambiente, lejos del sol, durante 24 horas; al final debe mostrar algo de burbujeo y un aroma limpio, ligeramente dulce y ácido. Si aparece moho, manchas de colores extraños o un olor podrido, descarta toda la preparación.
Remueve el masato y agrega el resto del agua poco a poco. Licúa en tandas breves hasta que quede cremoso y espeso, pero lo bastante fluido para beberse con facilidad; no hace falta llevarlo a una textura completamente lisa. Sírvelo fresco o a temperatura ambiente y refrigera lo que sobre para frenar la fermentación. Si conserva cuerpo de yuca, una acidez suave y un final ligeramente dulce, quedó en su punto. ¡Y listo! Masato hecho en casa. 😌