Dulzura artesanal definida por la untuosidad de la castaña y una textura que se funde delicadamente en el paladar. Es el orgullo de la repostería arequipeña, donde cada miniatura modelada a mano cuenta una historia de paciencia y tradición. Un bocado elegante, noble y con ese brillo único de nuestra sierra sur.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Procesa las castañas con una parte del azúcar impalpable en pulsos cortos, hasta obtener una harina fina y suelta. Para apenas veas que empieza a compactarse; ahí la castaña está avisando que tiene grasa y orgullo.
Pasa la mezcla por colador de malla fina y devuelve los granitos gruesos al procesador con un poco más de azúcar impalpable. Repite hasta que la base quede pareja y fina.
En un bowl une la harina de castaña, el resto del azúcar impalpable, la clara de huevo, el pisco y la esencia de almendras si la usas. Mezcla con espátula hasta que la masa empiece a juntarse.
Amasa con manos limpias 2 a 3 minutos, solo hasta que quede lisa y moldeable. Usa clara muy fresca y trabaja limpio: esta masa no se hornea, así que la higiene aquí no es decoración.
Envuelve la masa en film plástico y deja reposar 15 minutos en refrigeración. Debe salir más firme, menos arenosa y lista para modelar sin pegarse a todo como criatura desesperada.
Divide la masa en 24 porciones pequeñas. Si quieres colores, tiñe porciones mínimas con colorante en gel y amasa apenas hasta integrar; no satures la masa o quedará húmeda y manchada.
Modela frutas, bolitas o pequeñas figuras y déjalas orear 10 a 15 minutos a temperatura ambiente fresca. Deben quedar suaves por dentro, secas al tacto y con aroma limpio a castaña dulce.