Una milanesa de pollo de casa: pechuga jugosa, sazón de ajo, mostaza y orégano, y un apanado dorado que cruje sin hacerse grueso. Se sazona, empaniza y fríe de frente, sin marinados ni pasos innecesarios. Rápida, económica y hecha para aparecer seguido en el almuerzo familiar.

Filetea la pechuga de pollo hasta obtener 4 piezas de grosor parejo, de aproximadamente 8 a 10 mm. Si alguna parte queda muy gruesa, ábrela horizontalmente con el cuchillo en vez de golpearla hasta dejarla demasiado fina. Seca el pollo y mézclalo con el ajo molido, la mostaza, el orégano, la sal y la pimienta, frotando el sazón por ambos lados. No necesita reposo: cuando todos los filetes estén cubiertos de manera uniforme, sigue con el apanado.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Coloca la harina en un recipiente, bate el huevo en otro y pon el pan rallado en un tercero. Pasa cada filete primero por harina y sacude muy bien el exceso; luego pásalo por huevo dejando escurrir lo sobrante y finalmente por pan rallado, presionando suavemente con los dedos. Al terminar, cada pieza debe tener una capa fina, seca y completamente adherida, sin montones de pan.
Calienta el aceite vegetal en una sartén amplia a fuego medio. Cuando una pizca de pan rallado chisporrotee apenas toque el aceite, fríe las milanesas en 2 tandas, sin amontonarlas, durante 2½ a 3 minutos por lado. Voltea una sola vez y retíralas cuando estén bien doradas y crujientes y la parte más gruesa del pollo alcance 74 °C. Déjalas escurrir 1 minuto sobre papel absorbente y sirve al toque. ¡Y listo! Costra seca, pollo jugoso y cero espera innecesaria: milanesa de casa como debe ser 😌