Un clásico de pastelería peruana donde el hojaldre cruje antes de rendirse al manjar blanco. Las capas quedan finas, doradas y quebradizas, con suficiente relleno para dar cremosidad sin apagar la masa. Dulce, mantecoso y lleno de migas: exactamente como debe ser un buen milhojas.

Precalienta el horno a 200 °C. Mantén la masa de hojaldre fría, divídela en tres partes y estira cada una entre hojas de papel manteca hasta formar rectángulos finos y del mismo tamaño, de unos 2 a 3 mm de grosor. Pincha toda la superficie con la punta de un cuchillo para controlar el crecimiento.
Coloca las láminas en la bandeja, cúbrelas con otra hoja de papel manteca y una segunda bandeja encima para mantenerlas parejas. Hornea 14 minutos; retira con cuidado la bandeja superior y continúa 4 a 6 minutos, hasta que el hojaldre esté bien dorado, seco y crujiente hasta el centro. Pásalo a una rejilla y deja enfriar por completo durante unos 12 minutos.
Coloca una lámina fría de hojaldre como base y extiende encima la mitad del manjar blanco en una capa fina y uniforme. Cubre con la segunda lámina, reparte el resto del manjar y termina con la tercera, presionando apenas lo necesario para asentarla sin aplastar las capas. Espolvorea el
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