Cremosa intensidad marina que define el carácter de Moquegua. Este chupe es una sinfonía de texturas donde el camarón de río es el rey absoluto, abrazado por el sabor terroso del maní y el toque mineral del cochayuyo. Un plato potente que reconforta el alma y celebra la abundancia de nuestra costa sur.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Remoja el cochayuyo seco en el agua por 10 minutos, escúrrelo y pícalo en tiras cortas. Revisa los camarones: deben oler limpio y marino. Corta la papa amarilla, desgrana o corta el choclo, pela las habas si la piel está gruesa y pica el huacatay.
Calienta el aceite vegetal y cocina la cebolla roja por 6 minutos, hasta que esté suave. Agrega el ajo molido, la pasta de ají panca, el ají amarillo, el comino, la pimienta y parte de la sal. Cocina 6 minutos, hasta que el aderezo esté rojo, brillante y sin olor crudo.
Vierte el caldo de camarón y deja hervir suave 5 minutos para que tome el sabor del aderezo. Añade la papa amarilla y el choclo; cocina 12 minutos, hasta que la papa esté casi tierna y el caldo se vea más espeso.
Agrega las habas, el cochayuyo escurrido y los camarones. Cocina 4 minutos, hasta que los camarones estén anaranjados y firmes. Baja el fuego y suma el maní molido o picado fino y la leche evaporada; calienta 2 minutos sin hervir fuerte para que no se corte.
Apaga el fuego, ajusta con el resto de la sal y termina con huacatay. Sirve el moqueguano de camarones bien caliente con arroz blanco cocido al lado o en el fondo del plato. Debe quedar cremoso y marino, no una sopa aguada con camarones tristes flotando.