Un bocado de historia que se deshace en el paladar. Estos mostachones son la esencia de la repostería conventual limeña: ligeros, aromáticos y con el perfume inconfundible de la canela y la almendra. Una caricia dulce que celebra la tradición con elegancia y sencillez. Directos del claustro a tu mesa.

Tamiza la harina de trigo, la harina de almendras, la canela molida, el polvo de hornear y la sal. Mezcla 30 segundos, hasta que los secos se vean sueltos y perfumados.
Bate los huevos con el azúcar blanca por 6 a 8 minutos, hasta que la mezcla esté pálida, espesa y caiga en cinta. Agrega la
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Incorpora los secos en 3 tandas, con movimientos envolventes. Para cuando no veas harina suelta; si mezclas de más, el mostachón pierde aire y queda triste como misa sin coro.
Deja reposar la masa 10 minutos mientras calientas el horno a 180 °C. Forra una bandeja con papel manteca; la masa debe verse espesa, aireada y aún cucharable.
Forma 18 montoncitos con cuchara o manga, dejando espacio entre ellos. No los aplastes; el horno debe expandirlos en discos suaves y ligeramente altos.
Hornea por 10 a 12 minutos, hasta que estén firmes al tacto, pálidos arriba y apenas dorados en la base. Retíralos antes de que se sequen demasiado.
Enfría los mostachones sobre rejilla 12 minutos y espolvorea el azúcar en polvo al final. Deben quedar ligeros, aromáticos y secos por fuera, pero suaves al morder.