Crujiente fragante con el aroma festivo del anís y el cítrico del limón. Es la esencia de la celebración artesanal, una lámina dorada tan fina que se quiebra con solo mirarla. Un pecado dulce, etéreo y absolutamente adictivo.

Derrite la mantequilla y mézclala con el huevo, el agua, el aguardiente, el azúcar blanca, la ralladura de limón, el anís y la sal. Bate hasta que huela fragante y se vea unido.
Agrega la harina de trigo poco a poco y mezcla hasta formar una masa suave. Amasa
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Cubre la masa y deja reposar 20 minutos, hasta que se sienta más relajada al tocarla. Este descanso ayuda a estirarla finísima sin que vuelva como liga.
Divide la masa en 12 porciones y estira cada una con rodillo hasta que quede casi transparente. Dales forma irregular y fina; las orejas bonitas no salen de molde, salen de buena mano.
Calienta el aceite vegetal y fríe las láminas en tandas por 40 a 60 segundos por lado, hasta que salgan con burbujas, bordes dorados y textura ligera. No llenes la olla: se doran rápido y necesitan espacio.
Deja escurrir las orejas 5 minutos y espolvorea azúcar en polvo encima mientras aún están apenas tibias. Sirve a temperatura ambiente, cuando el crujido esté seco y limpio.