Esponjosidad aterciopelada definida por el dulzor natural del camote y la riqueza de la mantequilla. Es el pan de los desayunos peruanos por excelencia, un recuerdo cálido que acompaña nuestras mesas con su color anaranjado y aroma a hogar. Suave, tierno y perfecto para disfrutar con un café recién pasado.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Pela y corta el camote en trozos medianos. Cúbrelo con agua en una olla y cocina por 15 a 18 minutos, hasta que entre un cuchillo sin resistencia; escurre, prensa y deja el puré tibio, no caliente.
Calienta la leche solo hasta que esté tibia y derrite ahí la mantequilla. Pasa la mezcla a un bowl, agrega el azúcar rubia y la levadura seca, y deja reposar 8 a 10 minutos, hasta que se vea espumosa y con olor a pan.
Agrega la harina panadera, la sal, un huevo, la ralladura de naranja y el puré de camote. Mezcla y amasa por 8 a 10 minutos, hasta tener una masa elástica, suave y apenas pegajosa; no la llenes de harina o perderá ternura.
Forma una bola, déjala en el bowl y cúbrela. Reposa 55 a 60 minutos, hasta que esté casi al doble y al tocarla vuelva lento; ese aire es la miga que buscamos.
Desgasifica la masa con suavidad, divídela en 8 piezas y bolea cada una con tensión ligera. Acomódalas en una bandeja con papel manteca, dejando espacio entre ellas para que crezcan sin pegarse.
Cubre los panes y deja levar 30 a 35 minutos, hasta que se vean inflados y más ligeros. Bate el huevo restante y barniza la superficie con una capa fina, sin aplastar la masa.
Hornea a 180 °C por 18 a 22 minutos, hasta que estén dorados arriba y suenen huecos al golpear la base. Déjalos enfriar 10 minutos en rejilla antes de abrirlos, para que la miga no se apelmace.