Una entrada peruana de papa tierna bajo una huancaína espesa, sedosa y con ají amarillo bien presente. La crema tiene cuerpo de queso fresco y un picor amable que se equilibra con la suavidad de la papa. Parece sencilla hasta que la pruebas y entiendes por qué siempre dan ganas de servir un poco más.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Pon las papas amarillas y los huevos en una olla grande, cúbrelos con el agua fría y lleva a hervor. Desde que empiece a hervir, retira los huevos a los 10 minutos y deja que las papas continúen 10 a 15 minutos más, hasta que un cuchillo entre al centro sin resistencia pero la papa siga entera, sin reventarse. Escurre y deja entibiar mientras terminas la salsa.
Mientras se cocinan las papas, abre los ajíes amarillos y retira tallos, pepas y venas gruesas. Calienta algo más de un tercio del aceite en una sartén y cocina la cebolla morada por 3 minutos, hasta que esté translúcida; añade el ajo y el ají, y cocina 4 a 5 minutos más, moviendo, hasta que el ají esté suave, brillante y sin olor crudo. Retira del fuego y deja entibiar un par de minutos.
Pasa el aderezo tibio a la licuadora y agrega el queso fresco, la leche evaporada, el resto del aceite y la sal. Licúa por 45 a 60 segundos, hasta obtener una salsa lisa, brillante y espesa, pero capaz de caer en una cinta ancha y cubrir la cuchara sin quedar pastosa. Detén apenas llegue a ese punto.
Pela las papas cuando ya puedas manipularlas y córtalas en rodajas gruesas; pela también los huevos y córtalos en mitades o cuartos. Acomoda la lechuga en la fuente, reparte encima la papa y báñala generosamente con la huancaína; termina con el huevo y la aceituna negra. Sírvela fresca o a temperatura ambiente, no helada. Si la salsa abraza la papa sin escurrirse y sigue sedosa al probarla, quedó en su punto. ¡Y listo! Pon la fuente en la mesa antes de que alguien empiece a robar salsa con la cuchara 😌