Pascualina de acelga con doble masa: base crocante, relleno cremoso y bien ligado. La gracia está en exprimir la acelga para que no suelte agua y en la royale de huevo, crema y parmesano. Dentro, los huevos duros aparecen al corte como sorpresa seria.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Mezcla la harina, una parte de la sal y la mantequilla fría en cubos hasta formar migas gruesas. Agrega solo el agua fría necesaria y une sin amasar de más; la masa debe quedar firme, no elástica.
Divide la masa en dos discos, uno apenas más grande para la base. Reposa 15 minutos en refrigeración mientras avanzas con el relleno; ese descanso evita que la masa se encoja como cobarde.
Hierve cuatro huevos en el agua por 10 minutos, enfría, pela y reserva. Deben quedar firmes para sostener el corte dentro del pastel.
Corta la acelga y saltéala en tandas por 5 minutos, solo hasta que se marchite. Pásala a un colador y exprímela fuerte: si queda agua, la base termina triste y blanda.
Calienta el aceite de oliva y sofríe la cebolla por 6 minutos, hasta que esté suave y dulce. Agrega el ajo, la acelga seca, la nuez moscada, la pimienta y el resto de la sal; cocina 2 minutos más.
Bate los cuatro huevos restantes con la crema de leche y el parmesano. Mezcla con la acelga tibia, no hirviendo, hasta que el relleno quede cremoso y bien ligado.
Estira el disco grande y cubre el molde. Rellena con la mitad de la mezcla, acomoda los huevos duros, cubre con el resto y tapa con el segundo disco. Cierra los bordes y haz dos cortes pequeños arriba para que escape vapor.
Hornea a 180 °C por 38 minutos, hasta que la masa esté dorada y firme. Reposa 15 minutos antes de cortar; caliente se come rico, pero sin reposo se desarma como promesa barata.