Crocancia dorada que resguarda un corazón cítrico y meloso de camote. Es el sabor de las ferias limeñas, un dulce que equilibra la rusticidad de la yuca con la elegancia de la naranja. Dorado, contundente y con ese aroma a anís que perfuma los recuerdos.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Pela la yuca y el camote. Corta la yuca en trozos medianos y retira la fibra dura del centro si aparece; corta el camote en trozos parejos para que cocine al mismo ritmo.
Cocina la yuca en la mayor parte del agua con el anís en grano y la sal por 25 a 30 minutos, hasta que esté muy suave. Cocina el camote en otra olla con el resto del agua por 18 a 20 minutos, hasta que se pueda aplastar fácil.
Escurre la yuca y prénsala caliente hasta obtener una masa lisa. Haz lo mismo con el camote y resérvalo aparte. La yuca fría se pone más terca, así que aquí conviene actuar sin pasearla.
Pon el camote prensado en una olla con el azúcar blanca y la ralladura de naranja. Cocina por 8 minutos, moviendo seguido, hasta que espese y puedas ver el fondo de la olla por un segundo.
Trabaja la masa de yuca con una parte de la harina de trigo, solo hasta que deje de pegarse demasiado. Divide en porciones, forma discos delgados, coloca una cucharada de dulce de camote al centro y cierra presionando los bordes.
Pasa los pastelitos por el resto de la harina de trigo, sacudiendo el exceso. Deben quedar sellados y apenas enharinados, no enterrados como si fueran evidencia.
Calienta el aceite vegetal y fríe los pastelitos en tandas por 3 a 4 minutos, volteándolos con cuidado, hasta que estén dorados y crocantes por fuera. Escurre y termina con azúcar en polvo mientras aún están tibios.