Una pieza de caza majestuosa que rinde homenaje a la paciencia y al humo. El balance entre el dulzor del azúcar moreno y el carácter boscoso del enebro crea una costra caoba irresistible, protegiendo un interior tierno y profundamente aromático. Es la esencia de la cocina de campo elevada a un ritual de sabor.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

La pierna de jabalí necesita limpieza seria antes del humo. Retira tendones duros, exceso de membrana y grasa rancia si aparece; conserva una capa fina de grasa limpia para proteger la carne.
Machaca las bayas de enebro con la pimienta. Mezcla con la sal, el azúcar rubia, el ajo, el romero, el tomillo, el vinagre, el aceite de oliva y la mostaza hasta formar una pasta aromática.
Unta la pasta sobre toda la pierna, entrando en los cortes naturales de la carne. Refrigera por 8 horas, destapada si puedes, para que la superficie se seque y agarre mejor el humo.
Saca la pierna del frío 45 minutos antes de cocinar. Enciende el carbón vegetal y arma una parrilla de calor indirecto, con la madera de aliso para humo y una bandeja con agua debajo de la zona de cocción.
Acomoda la pierna de jabalí lejos del fuego directo y mantén la parrilla entre 120 y 135 °C. Ahúma por 3 horas, girando una vez, hasta que la costra se vea caoba y seca.
Envuelve la pierna en papel aluminio y sigue cocinando 1 hora y 45 minutos más, hasta que el centro marque al menos 74 °C. En carne de caza no se negocia el punto seguro: termómetro o ruleta rusa culinaria.
Abre el aluminio y devuelve la pierna a calor indirecto por 20 minutos para secar la costra. Debe verse oscura, brillante y firme, sin quemarse.
Reposa la pierna de jabalí cubierta por 30 minutos antes de cortar. Sirve en tajadas gruesas, con costra caoba, aroma de enebro y jugos asentados.