Un ícono de la cocina peruana. carne crocante y jugosa,el aderezo conserva ese fondo de ají panca, sillao, cerveza y especias que lo hace inconfundible. Cuando ese aroma salga del horno, va a costar bastante esperar para cortarlo.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Precalienta el horno a 220 °C y coloca una rejilla sobre la bandeja. Pon el pollo con la pechuga hacia abajo, corta a ambos lados de la columna con las tijeras y retírala; luego dale vuelta y presiona con firmeza sobre el pecho hasta dejarlo plano. Sécalo muy bien con papel absorbente, especialmente la piel: mientras menos humedad quede, mejor va a dorar.
Mezcla la pasta de ají panca, el sillao, la cerveza negra, el vinagre tinto, el ajo molido, el comino, el orégano, el romero, la pimienta, la sal y el aceite hasta formar un aderezo uniforme. Afloja con cuidado la piel de la pechuga y los muslos con los dedos, reparte parte del aderezo debajo y frota el resto por ambos lados del pollo. Colócalo sobre la rejilla con la piel hacia arriba; no hace falta una maceración larga porque el aderezo queda en contacto directo con la carne y la piel.
Hornea el pollo con la piel hacia arriba durante 40 a 45 minutos. Gira la bandeja una vez a mitad de cocción para que dore parejo, pero no bañes la piel con líquido. Está listo cuando se vea bien tostado y con la piel firme, y un termómetro marque 74 °C en la parte más gruesa de la pechuga y del muslo, sin tocar hueso.
Pasa el pollo a una tabla y déjalo reposar 8 minutos sin cubrirlo para no ablandar la piel. Córtalo en presas y sirve con la piel hacia arriba. Si quedó crujiente por fuera, jugoso al cortar y con ese aroma oscuro de pollería desde el primer trozo, salió como debía. ¡Y listo! Esta versión demuestra que no hace falta esperar toda la noche para darse un pollo a la brasa serio. 🔥