Pollo crocante bañado al final en un glaseado de naranja, sillao, kión y ajo, con un pequeño toque de ají amarillo que lo lleva hacia la mesa chifa peruana. La salsa queda cítrica, dulce y brillante sin tapar al pollo ni convertirlo en caramelo. Se sirve caliente con arroz blanco, cebolla china y ajonjolí.

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Corta la pechuga de pollo en bocados parejos de unos 3 cm. Mézclala con el huevo, dos quintas partes del sillao, dos quintas partes del ajo, dos quintas partes del kión, la pimienta y la sal. Deja reposar 10 minutos mientras preparas el resto; la superficie debe quedar húmeda pero sin una piscina de marinada.
Mezcla la harina sin preparar con cuatro quintas partes de la maicena. Incorpora el pollo en tandas y presiónalo suavemente contra la mezcla seca hasta que cada trozo quede cubierto. Sacude bien el exceso: la superficie debe verse seca, irregular y ligeramente rugosa, no enterrada bajo una capa gruesa.
Calienta el aceite vegetal en una sartén amplia hasta 175 a 180°C. Fríe el pollo en tandas por 4 a 5 minutos, girándolo para dorar parejo, hasta que quede crocante y dorado y la pieza más gruesa alcance 74°C en el centro. Escurre sobre papel absorbente durante 1 minuto. No llenes la sartén: si la temperatura cae, la cobertura absorbe aceite y pierde crocancia.
Retira con cuidado el aceite usado de la sartén, dejando apenas una película. A fuego medio, cocina el resto del ajo, el resto del kión y el ají amarillo por 30 a 45 segundos, solo hasta que estén fragantes. Agrega el jugo de naranja, la ralladura, el azúcar rubia, el resto del sillao, la salsa de ostión y el vinagre tinto. Hierve suavemente por 4 a 5 minutos, hasta que el sabor pase de jugo dulce a una salsa cítrica, salada y agridulce.
Disuelve el resto de la maicena en el agua fría hasta que no queden grumos. Viértela en hilo sobre la salsa mientras remueves y cocina 1 a 2 minutos, hasta que quede brillante, ligeramente espesa y capaz de cubrir el dorso de una cuchara. Apaga el hervor fuerte y agrega el aceite de ajonjolí.
Devuelve el pollo frito a la sartén y mézclalo con el glaseado durante apenas 30 a 45 segundos, hasta que todas las piezas tengan una película naranja brillante. Retira del fuego de inmediato: la salsa debe adherirse a la costra, no convertirla en pollo hervido.
Termina con la cebolla china y el ajonjolí. Sirve inmediatamente con el arroz blanco cocido, dejando que el arroz reciba el exceso de glaseado. El pollo debe llegar caliente, pegajoso por fuera pero todavía crocante, con naranja clara, kión y sillao presentes en cada bocado. ¡Y listo! Chifa, naranja y cero necesidad de convertirlo en caramelo.