Pollo dorado con abundante ajo cocinado en la misma sartén hasta quedar jugoso y cubierto por sus propios jugos aromáticos. Un toque de limón levanta el fondo sin convertirlo en una salsa pesada, y el perejil fresco termina un plato sencillo, intenso y bajo en carbohidratos.

Separa los dientes de ajo: aplasta ligeramente la mitad y pica fino el resto. Seca muy bien las presas de pollo con papel absorbente y sazónalas por todos lados con la sal y la pimienta. Una superficie seca es clave para que el pollo dore en vez de soltar agua.
Calienta el aceite de oliva a fuego medio con los ajos aplastados durante 1 a 2 minutos, hasta que estén fragantes y apenas dorados. Retira los ajos antes de que oscurezcan. Sube a fuego medio-alto y dora las presas de pollo por 4 a 5 minutos por lado, trabajando en tandas si hace falta, hasta conseguir una superficie bien dorada.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Baja el fuego a medio-bajo, agrega el ajo picado y cocina 30 a 45 segundos, moviendo continuamente, solo hasta que perfume. El ajo debe quedar pálido y aromático, nunca marrón oscuro.
Vierte el agua y el jugo de limón y raspa suavemente el fondo para soltar todo el dorado. Devuelve los ajos reservados, tapa y cocina el pollo a fuego medio-bajo por 15 a 18 minutos, girándolo una vez, hasta que la parte más gruesa alcance 74 °C y los jugos salgan claros.
Destapa y cocina 2 a 4 minutos más, bañando el pollo con los jugos de la sartén, hasta que la salsa quede brillante y ligera, con sabor intenso a ajo pero sin exceso de líquido. Apaga el fuego, agrega el perejil y sirve inmediatamente. ¡Y listo! El ajo hizo todo el trabajo pesado. 😌