Elegante equilibrio de texturas donde la suavidad de la pechuga de pollo abraza la frescura crocante de los espárragos. Es una preparación ligera y sofisticada que resalta por el brillo de un glaseado de vino blanco y ajo. Un plato vibrante que transforma ingredientes sencillos en una experiencia de alta cocina en casa.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Abre cada pechuga de pollo como libro y aplánala entre film plástico hasta que quede de grosor parejo. Sazona con parte de la sal y la pimienta. No la golpees como enemigo mortal: delgada sí, rota no.
Corta la base dura de los espárragos y blanquéalos 90 segundos en agua caliente. Enfría rápido y sécalos bien. Deben quedar verdes, firmes y flexibles, no cocidos hasta rendirse.
Coloca varios espárragos sobre cada lámina de pollo, enrolla firme y amarra con pabilo de cocina. El cierre debe quedar abajo para sellar primero esa unión y evitar que el rollo se abra en plena función dramática.
Calienta el aceite de oliva con parte de la mantequilla. Dora los rollos por 3 minutos por lado, empezando por la unión, hasta que estén bien sellados. Retira un momento; todavía no tienen que estar cocidos al centro.
En la misma sartén, cocina el ajo molido por 30 segundos. Agrega el vino blanco y raspa el fondo. Cuando huela limpio, suma el caldo de verduras, la mostaza de Dijon y el jugo de limón. Devuelve los rollos, tapa y cocina 8 minutos, hasta que el centro del pollo llegue a 74 °C.
Retira los rollos y deja reposar 5 minutos. Reduce la salsa 3 minutos con el resto de la mantequilla, el resto de la sal y el perejil, hasta que quede brillante y ligeramente espesa. Quita el pabilo, corta en medallones y baña con el glaseado.