Ponche caliente de carácter fuerte y textura cremosa, emulsionado con yemas y perfumado con canela. Lleva el golpe clásico de pisco y ron, con el fondo tostado de cerveza negra y el dulzor oscuro de algarrobina. Tradición directa, sin maquillaje: calienta el cuerpo y despierta el paladar.

Pon la cerveza negra, la leche evaporada, la canela en rama y el manjar de algarrobina en una olla. Calienta a fuego medio-bajo por 6 a 8 minutos, moviendo, hasta que el manjar se disuelva y la base huela tostada.
En un bowl bate las yemas con el jarabe de goma por 1 minuto, hasta que se vean más claras y fluidas. No hace falta montar espuma; solo unir y preparar la emulsión.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Vierte un cucharón de la base caliente sobre las yemas, batiendo sin parar. Repite una vez más; esta templada evita que el huevo se vuelva tortilla patriótica en plena olla.
Regresa la mezcla templada a la olla y cocina a fuego bajo por 3 a 4 minutos, moviendo, hasta que el ponche espese apenas y cubra la cuchara. No lo hiervas fuerte: se corta.
Apaga el fuego, retira la canela en rama y agrega el pisco quebranta y el ron rubio. Mezcla 30 segundos fuera del fuego para integrar sin evaporar todo el golpe del licor.
Sirve el ponche caliente y termina con canela molida encima. Debe quedar cremoso, fuerte y aromático; una copa pequeña basta, porque este ponche no viene a conversar bajito.