Infusión reconfortante de matices ambarinos donde el dulzor del piloncillo abraza la acidez vibrante del tejocote y la guayaba. Es el alma de las fiestas mexicanas, un abrazo líquido que perfuma el hogar con notas de canela y caña de azúcar. Potente, frutal y profundamente nostálgico.

Lava las guayabas, la manzana, la pera y la naranja. Corta la manzana, la pera y la naranja en gajos medianos; parte las guayabas por la mitad. Mantén los cortes grandes para que no desaparezcan durante el hervor.
Pela o raspa la caña de azúcar si hace falta y córtala en bastones. Revisa el tamarindo
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

En una olla grande, hierve el agua con la chancaca, la canela en rama, el clavo de olor, la flor de jamaica y el tamarindo por 10 minutos, moviendo de vez en cuando, hasta que el líquido se vea oscuro, ácido y especiado.
Cuela la base para retirar la jamaica, el clavo y las fibras más duras del tamarindo. Devuelve el líquido a la olla con la canela si quieres más perfume; si ya está intenso, retírala también.
Agrega los tejocotes, las guayabas, la manzana, la pera, la caña de azúcar, la ciruela y la naranja. Cocina a hervor suave por 28 a 35 minutos, hasta que la fruta esté tierna y el ponche huela a Navidad completa.
Apaga el fuego y deja reposar 10 minutos antes de servir. Sirve caliente o tibio, con fruta en cada vaso; el líquido debe quedar dulce, ácido, especiado y con ese fondo ambarino de chancaca.