Una entrada nikkei limeña donde el pulpo tierno se encuentra con una salsa de aceituna oscura y cremosa. El limón le da el filo justo para que el bocado siga fresco y marino, mientras la aceituna manda con ese sabor profundo que volvió al plato un clásico. Sencillo de montar y difícil de dejar en la mesa.

Seca bien el pulpo cocido y córtalo en láminas diagonales de unos 4 a 5 mm. Busca cortes parejos y suficientemente finos para que la salsa se adhiera, pero no tanto como para perder la textura firme y tierna del pulpo.
Licúa la aceituna negra, la mayonesa, el jugo de limón, el aceite de oliva, la pimienta y la sal por 30 a 45 segundos, hasta obtener una crema lisa, morada oscura y sin trozos grandes. Debe caer de la cuchara en una cinta espesa; si la licúas de más y se calienta, pierde frescura.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Acomoda las láminas de pulpo ligeramente superpuestas y reparte la salsa de olivo por encima o debajo, dejando parte del pulpo visible. Sirve de inmediato y fresco, antes de que la salsa pierda cuerpo. El punto correcto es un pulpo tierno, una crema sedosa y una aceituna intensa que no tape el sabor del mar. ¡Y listo!