Un contraste rústico y reconfortante que define el alma de los Andes. La suavidad porosa del quesillo fresco absorbe la profundidad de una miel de chancaca especiada, creando un equilibrio perfecto entre lo lácteo y lo meloso. Tradición pura servida en un plato.

Corta el quesillo cajamarquino en tajadas gruesas y déjalo escurrir 5 minutos si viene con mucho suero. Debe quedar fresco y firme, listo para recibir la miel sin deshacerse.
Pon en una olla la chancaca, el agua, la canela, los clavos de olor, el anís, la cáscara de naranja y la sal. Calienta a fuego medio por 8 minutos, hasta que la chancaca se disuelva por completo.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Baja el fuego y cocina la miel 12 a 15 minutos, moviendo de vez en cuando, hasta que se vea brillante y cubra ligeramente la cuchara. No la lleves a caramelo duro: debe correr lento.
Cuela la miel para retirar las especias y déjala reposar 8 minutos. Debe quedar tibia, aromática y espesa, pero todavía fácil de servir.
Acomoda el quesillo en porciones y baña con la miel de chancaca. Sirve al momento, cuando el contraste entre queso fresco y miel especiada todavía se siente vivo.