Una bebida de desayuno que sabe a esquina peruana antes de que la ciudad termine de despertar. La quinua abierta se mezcla con manzana, membrillo y piña sobre un fondo de chancaca, canela y clavo, apenas ligado para seguir corriendo del vaso. Humeante y espesa en la medida justa, convierte una mañana fría en algo que casi provoca levantarse temprano.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Lava la quinua blanca varias veces en un colador de malla fina, frotándola suavemente con las manos, hasta que el agua salga casi clara y desaparezca el olor amargo. Corta la manzana, el membrillo y la piña en cubos pequeños y parejos para que luego se ablanden al mismo ritmo.
Pon la mayor parte del agua en una olla grande con la chancaca, la canela, el clavo de olor y la cáscara de piña. Lleva a hervor y cocina tapado a fuego medio por 10 minutos, hasta que el líquido tome color ámbar oscuro y huela claramente a fruta y especias. Cuela el fondo y devuélvelo a la olla, descartando la cáscara y las especias.
Agrega la quinua, la manzana, el membrillo y la piña al fondo caliente. Cocina a fuego medio-bajo por 25 a 28 minutos, moviendo cada pocos minutos, hasta que la quinua tenga el germen visible en forma de aro, el membrillo esté tierno y la fruta empiece a integrarse al líquido. Aplasta unas cuantas piezas contra la pared de la olla para dar cuerpo, pero deja suficientes trozos reconocibles.
Disuelve la fécula de papa en el resto del agua fría hasta que no queden grumos y viértela lentamente en la olla mientras mueves. Cocina por 2 a 3 minutos, hasta que la bebida se vea ligeramente brillante y caiga del cucharón en un chorro grueso y continuo; debe tener cuerpo, pero seguir sirviéndose sin esfuerzo. ¡Y listo! Llévala al vaso mientras todavía humea: pocas cosas negocian mejor con una mañana fría.