Intensidad amaderada definida por el amargor profundo de las cortezas y el dulzor equilibrado de la miel. Es el alma de nuestra Amazonía, un brebaje que despierta los sentidos y te conecta con la energía ancestral de la selva. Potente, místico y directo al espíritu.

Revisa el chuchuhuasi, el clavo huasca, la cumaceba, el fierro caspi y la uña de gato. Retira polvo, astillas sueltas o partes muy quebradas; las cortezas deben entrar limpias, no molidas.
Calienta el agua con la miel de abeja por 3 a 4 minutos, solo hasta que se disuelva y quede fluida. Enfría por completo antes de mezclar; almíbar caliente y aguardiente juntos son mala idea.
Coloca las cortezas en un frasco de vidrio limpio. Agrega el almíbar frío y el
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Macerar 8 a 15 días en un lugar fresco y oscuro. Mueve el frasco cada 2 o 3 días; el líquido debe tomar color ámbar oscuro, aroma amaderado y amargor presente, sin olor raro.
Cuela el macerado con colador fino y pásalo a una botella limpia. Sirve en copa chica, frío o a temperatura ambiente; debe sentirse dulce-amargo, cálido y claramente amaderado.