Rosquetes: roscas pequeñas, secas y crocantes, con anís que se siente desde el primer mordisco. La masa lleva manteca vegetal, por eso salen bien quebradizas y con dorado parejo. Encima, ajonjolí para el toque tostado.

Vierte el agua caliente sobre el anís en grano y deja infusionar 10 minutos, hasta que huela claro y dulce. Cuela y reserva la infusión tibia para la masa.
Mezcla la harina, el azúcar impalpable, el azúcar rubia, el polvo de hornear y la sal. Agrega la manteca vegetal y frota con los dedos hasta lograr una textura arenosa, sin trozos grandes de grasa.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Agrega la infusión de anís poco a poco y mezcla solo hasta formar una masa compacta. Reposa 15 minutos tapada; debe sentirse firme, maleable y nada pegajosa.
Divide la masa en porciones pequeñas, forma cordones y une las puntas para hacer roscas. Déjalas parejas y con hueco definido, porque en el horno se cierran un poco.
Acomoda los rosquetes en bandeja con papel manteca. Pincela con la yema y espolvorea ajonjolí encima, presionando apenas para que se pegue.
Hornea a 170 °C por 18 a 22 minutos, hasta que estén firmes, secos y dorados suaves. Enfría sobre rejilla antes de guardar; calientes todavía parecen blandos, pero endurecen al reposar.