Umami profundo y brillo espectacular que define el alma de nuestra cocina fusión. Es la base sedosa que amarra los sabores del wok, transformando ingredientes sencillos en un festín chifa inolvidable. El secreto de la sazón que nos hace volver por más.

Pica fino el ajo, el jengibre y la cebolla china. Déjalos separados: primero van los aromas fuertes y la cebolla entra después para no quemarse.
Mezcla la salsa de ostión, el sillao claro, el agua, el almidón de maíz, el azúcar y la pimienta blanca hasta que no queden grumos. Debe verse líquida; el espesor aparece con el calor.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Calienta el aceite vegetal en una cacerola pequeña a fuego medio. Agrega el ajo y el jengibre, y sofríe por 45 segundos, solo hasta que huelan intenso y no lleguen a dorarse oscuro.
Vierte la mezcla líquida y mueve constantemente por 2 a 3 minutos, hasta que la salsa esté brillante, sedosa y apenas espesa. Si hierve fuerte, baja el fuego para que no se apelmace.
Apaga el fuego y mezcla la cebolla china con el aceite de ajonjolí por 30 segundos. Úsala tibia sobre salteados o guárdala cuando ya no esté humeando.