Un clásico de mercado con sabor criollo sin medias tintas. La sangrecita queda graneada y jugosa, envuelta en ají amarillo, cebolla china y el frescor inconfundible de la hierbabuena, con yuca suave para acompañar. Bien hecha, convierte uno de los ingredientes más humildes de la cocina peruana en un plato que provoca volver con la cuchara.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Pela la yuca, córtala en trozos medianos y retira la fibra central gruesa si aparece. Cocínala con la mayor parte del agua y parte de la sal por 18 a 20 minutos, hasta que esté tierna y empiece a abrirse ligeramente en el centro. Escúrrela y mantenla tapada para que conserve calor sin resecarse.
Pon la sangrecita de pollo en la olla con el resto del agua, otra parte de la sal y una pequeña parte de la hierbabuena. Cocina a hervor suave por 12 a 15 minutos, removiendo y rompiendo los coágulos grandes, hasta que esté completamente cuajada y alcance al menos 74 °C en las partes más gruesas. No uses el color como única señal de cocción. Escurre bien, deja entibiar unos minutos y pícala o desmenúzala en trozos pequeños. Lava con agua caliente y jabón los utensilios y superficies que hayan tocado la sangre cruda antes de seguir.
Calienta el aceite vegetal en una sartén amplia a fuego medio. Cocina la cebolla morada por 5 minutos, hasta que esté suave y apenas dorada en los bordes. Añade el ajo molido, el ají amarillo, el comino, el orégano, la pimienta y el resto de la sal; cocina 3 minutos más, moviendo seguido, hasta que el aderezo esté fragante, brillante y sin sabor crudo de ají.
Incorpora la sangrecita cocida al aderezo y saltea por 4 a 5 minutos, separándola con la cuchara hasta que quede graneada, húmeda y bien impregnada, no seca. Agrega la mitad de la cebolla china y cocina 1 minuto. Apaga el fuego, incorpora el resto de la hierbabuena y la cebolla china restante, y mezcla solo lo suficiente para que mantengan aroma fresco.
Sirve la sangrecita bien caliente con la yuca al costado. Busca una mezcla suelta donde todavía se distingan los granos, con cebolla china fresca y hierbabuena apareciendo al final del bocado. ¡Y listo! Con una cucharada encima de la yuca se entiende rápido por qué este plato sobrevivió generaciones sin necesitar lujo alguno. 😌