Macerado amazónico de cortezas y raíces en aguardiente de caña, endulzado con miel de abeja. Sale ámbar oscuro, con aroma amaderado y un amargor elegante que se balancea con dulzor. No es de apuro: es dejar que el tiempo extraiga lo suyo.

Limpia el chuchuhuasi, el clavo huasca y la uña de gato con un paño seco. Corta el huito en trozos pequeños. No laves las cortezas con agua: solo buscamos retirar polvo, no quitarles aroma.
Pon en un frasco de vidrio limpio el chuchuhuasi, clavo huasca, uña de gato, huito, canela en rama y clavo de olor. Debe quedar con espacio suficiente para mover el líquido después.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Cubre todo con el aguardiente, cierra el frasco y agita 20 segundos. Guarda en lugar oscuro por 14 días, moviendo el frasco una vez al día. El líquido debe ir tomando color ámbar oscuro y aroma amaderado.
Cuela el macerado con colador fino y descarta raíces, cortezas y especias. Agrega la miel de abeja y mezcla por 1 minuto, hasta que se disuelva por completo y el licor quede brillante.
Embotella y deja reposar 24 horas antes de servir para que la miel se integre. Sirve en medidas pequeñas, a temperatura ambiente o apenas frío; debe sentirse amaderado, dulce-amargo y potente, no como jarabe.