Suavidad aterciopelada definida por la madurez del tomate y el perfume fresco de la albahaca. Es el abrazo tibio de casa, un clásico que reconforta el alma y equilibra los sentidos con su balance natural. Directa, vibrante y llena de luz.

Abre el tomate en lata, corta el tomate fresco en trozos grandes, pica la cebolla blanca y aplasta el ajo. Rompe el pan en pedazos pequeños y separa la albahaca para usarla al final.
Calienta casi todo el aceite de oliva en una olla y sofríe la
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Añade la pasta de tomate y cocínala por 2 minutos, hasta que se oscurezca un poco y deje olor profundo, no crudo. Ese doradito discreto le da alma a una sopa simple.
Incorpora el tomate fresco, el tomate en lata, el caldo de verduras, el pan, el azúcar blanca y la pimienta negra. Cocina destapado por 18 minutos, hasta que el tomate se rompa y la sopa se vea más roja, espesa y fragante.
Apaga el fuego, agrega la mayor parte de la albahaca y licúa dentro de la olla hasta que la sopa quede aterciopelada. Si la ves muy espesa, afloja con un chorrito extra de caldo o agua caliente; debe cubrir la cuchara sin sentirse pesada.
Regresa la sopa a fuego bajo por 3 minutos y ajusta con el resto de la sal. Sirve caliente con el hilo final de aceite de oliva y la albahaca restante encima; debe quedar brillante, suave y con perfume fresco.