Un clásico ítalo-peruano que convirtió la salsa de tomate en comida de casa. El tallarín se impregna de un guiso rojo con zanahoria, ají panca, hongos y laurel, mientras la presa de pollo termina tierna dentro de la misma olla. Cuando el orégano empieza a perfumar la cocina, esperar a que todos lleguen a la mesa se vuelve la parte más difícil.

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Sazona las presas de pollo con parte de la sal, la pimienta y el comino. Cubre los hongos secos con una pequeña parte del agua caliente y déjalos hidratarse por 10 minutos, hasta que estén flexibles. Mientras tanto, corta el tomate y la zanahoria en trozos y licúalos juntos hasta obtener una salsa homogénea; reserva también los hongos con su líquido.
Calienta la mitad del aceite en una olla amplia y dora el pollo por 7 a 8 minutos, girándolo hasta que tenga piel y bordes bien dorados. Retíralo antes de que se cocine por completo; el fondo que queda en la olla será parte de la salsa.
En la misma olla añade el resto del aceite y cocina la cebolla por 5 a 6 minutos, hasta que esté translúcida y apenas dorada en los bordes. Agrega el ajo y el ají panca y cocina 2 minutos; enseguida vierte el licuado de tomate y zanahoria, los hongos con su líquido, el laurel, el orégano y otra parte de la sal. Cocina por 8 a 10 minutos, moviendo de vez en cuando, hasta que la salsa pierda el sabor crudo y quede espesa, brillante y rojo profundo.
Devuelve el pollo a la olla, agrega otra pequeña parte del agua y otra parte de la sal, tapa y cocina a fuego medio-bajo por 18 a 20 minutos. Está listo cuando la carne esté tierna, no haya zonas rosadas junto al hueso y la salsa vuelva a cubrir la cuchara sin verse aguada.
Mientras el pollo termina, lleva el resto del agua a hervor en una olla con el resto de la sal y cocina los fideos por 8 a 10 minutos, o hasta que estén firmes al centro y aproximadamente un minuto antes del punto indicado en el paquete. Antes de escurrirlos, reserva un poco del agua de cocción; luego cuélalos sin enjuagar.
Retira las presas y el laurel de la salsa. Incorpora los tallarines y un poco del agua de cocción reservada; mezcla a fuego medio por 1 a 2 minutos, hasta que la salsa roja quede adherida a cada hebra y siga jugosa. Sirve con una presa encima y termina con todo el queso parmesano. ¡Y listo! Cuando el queso toque la salsa caliente, se acabó la paciencia: a la mesa antes de que el tallarín se beba el jugo.