Un tamal serrano de maíz blanco, suave y apenas dulce. La masa queda esponjosa pero firme, con anís y pasas apareciendo entre bocados sin robarse el maíz. Tibio y recién desenvuelto, tiene el talento poco discreto de hacer que el café se acabe demasiado rápido.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Escoge las pancas de choclo más enteras y colócalas en la vaporera con una cuarta parte del agua durante 3 minutos, hasta que estén flexibles y puedan doblarse sin quebrarse. Retíralas y déjalas a un lado mientras preparas la masa.
Licúa el mote sancochado con la leche fresca en tandas durante 45 a 60 segundos, hasta obtener una masa espesa, homogénea y con apenas algo de textura de maíz. Si la licuadora se traba, deténla y mueve la mezcla con una cuchara antes de continuar en lugar de añadir más líquido.
Derrite la mantequilla y déjala entibiar. En un bowl, bate los huevos con el azúcar durante 2 minutos, hasta que estén espumosos y algo más pálidos; incorpora la mantequilla en hilo y luego mezcla la masa de maíz, el polvo de hornear, el anís y la sal. Trabaja solo hasta que todo quede unido y la masa caiga de la cuchara en porciones pesadas, sin volverse líquida.
Superpone dos pancas por tamal, coloca una porción de masa en el centro y reparte las pasas sobre ella. Dobla los lados hacia dentro, cierra los extremos y amarra con pabilo sin apretar demasiado; cada paquete debe quedar firme, pero con espacio suficiente para que la masa se expanda ligeramente al cocinar.
Agrega el resto del agua a la vaporera y acomoda los tamales sin comprimirlos. Cocina tapados durante 45 a 50 minutos, hasta que la masa esté firme al centro, se sienta ligera al presionarla y se desprenda limpiamente de la panca. Déjalos reposar 5 minutos antes de abrir. Sírvelos tibios, cuando el interior todavía conserve humedad y esa textura suave que rebota apenas al morder. El café ya puede empezar a preocuparse. 😌