Un clásico casero de espinaca convertido en torrejas doradas. Suaves por dentro y ligeramente crocantes en los bordes, tienen ese sabor sencillo y familiar que vuelve especial un almuerzo cotidiano. Rápidas, rendidoras y peligrosamente fáciles de repetir.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Lava la espinaca, escúrrela muy bien y pícala gruesa; luego pica fino la cebolla morada y el ajo. Sacude o escurre toda el agua posible de las hojas: una espinaca mojada vuelve floja la mezcla.
Calienta una cuarta parte del aceite vegetal en la sartén a fuego medio y cocina la cebolla con una cuarta parte de la sal por 4 a 5 minutos, hasta que esté translúcida y suave. Agrega el ajo por 30 segundos y enseguida incorpora la espinaca; cocina 1 a 2 minutos, moviendo, hasta que se marchite y el fondo de la sartén quede casi seco. Pasa todo a un bowl.
Bate los huevos con el resto de la sal y la pimienta; añade la harina poco a poco y mezcla hasta que no queden bolsas secas. Incorpora la espinaca salteada y mezcla solo hasta integrar. Debe quedar una preparación espesa que mantenga forma sobre la cuchara; si ves líquido acumulado en el fondo, mezcla unos segundos más antes de freír.
Devuelve la sartén al fuego medio y agrega el resto del aceite vegetal poco a poco entre tandas. Forma las torrejas con cucharadas generosas y aplánalas ligeramente; cocínalas 2 a 3 minutos por lado, hasta que tengan bordes bien dorados, superficie firme y centro cuajado. Trabaja sin llenar la sartén para que doren en vez de cocerse al vapor.
Pasa las torrejas a papel absorbente apenas salgan de la sartén y sírvelas calientes o tibias. Si quedaron doradas por fuera, suaves en el centro y se sostienen sin romperse al levantarlas, salieron como deben. ¡Y listo! De esas recetas simples que suelen desaparecer antes de llegar la segunda tanda a la mesa. 😌