Disco flexible y tibio con el aroma embriagador del maíz recién cocido. Es el corazón de la mesa mexicana, un lienzo artesanal que transforma cualquier bocado en una fiesta de tradición y hogar. Sencillez perfecta en cada doblez.

Enjuaga el maíz seco y ponlo en una olla con el agua y la cal alimentaria. Cocina a hervor suave por 30 minutos, hasta que la piel del grano se afloje al frotarla; apaga, tapa y deja reposar 8 horas para que el maíz se ablande de verdad.
Escurre el nixtamal y enjuágalo frotando con las manos hasta retirar la mayor parte de la piel suelta. No lo dejes impecable como laboratorio: un poco de piel da carácter, pero el agua ya no debe salir lechosa.
Procesa el nixtamal en tandas con la sal y añade el agua poco a poco, solo hasta formar una masa húmeda y compacta. Amasa 5 minutos, hasta que se sienta suave, unida y sin granos duros evidentes.
Cubre la masa y déjala reposar
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Divide la masa en 12 bolitas y mantenlas cubiertas. Aplana cada una entre dos láminas de plástico con rodillo hasta lograr un disco delgado y parejo; si se rompe al levantarlo, está demasiado seco o demasiado fino.
Calienta el comal a fuego medio-alto y cocina cada tortilla 45 segundos por el primer lado, 45 segundos por el segundo y 20 segundos más al final, hasta que tenga manchas tostadas y pueda inflarse un poco. Guárdalas tapadas para que el vapor las deje flexibles.