Papa confitada, cebolla suave y huevo forman una tortilla dorada por fuera y jugosa sin quedar líquida en el centro. Al cortarla, las capas de papa ceden dentro del huevo todavía tierno; durante unos minutos hasta la discusión sobre la cebolla pierde importancia.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Pela las papas blancas y córtalas en medias lunas de aproximadamente 4 a 5 mm. Corta la cebolla blanca en pluma fina. Procura que el grosor sea parejo para que toda la papa llegue tierna al mismo tiempo.
Calienta nueve décimas partes del aceite de oliva en una sartén antiadherente a fuego medio-bajo. Añade la papa, la cebolla y algo menos de la mitad de la sal. Cocina durante 18 a 20 minutos, moviendo cada pocos minutos con cuidado, hasta que la papa pueda partirse fácilmente con la espátula y la cebolla esté muy blanda; puede aparecer algún borde dorado, pero no busques una papa crocante.
Escurre bien la papa y la cebolla en un colador, reservando el aceite. Bate los huevos con el resto de la sal solo hasta romper completamente claras y yemas. Incorpora la papa todavía caliente y mezcla con suavidad; deja reposar 3 minutos, mientras la papa absorbe algo de huevo y la mezcla se vuelve más cohesionada.
Limpia la sartén y calienta el resto del aceite de oliva a fuego medio. Vierte la mezcla y cocina 3 a 4 minutos, redondeando los bordes con la espátula, hasta que la base esté dorada y el contorno cuajado mientras el centro todavía se vea húmedo. Cubre la sartén con un plato llano más grande, sujétalo firmemente y voltea la tortilla de una sola vez.
Desliza la tortilla de nuevo a la sartén y cocina el segundo lado durante 2 a 3 minutos. El exterior debe quedar firme y ligeramente dorado, pero al presionar suavemente el centro todavía debe ceder un poco; no debe salir huevo líquido al cortarla. Déjala reposar 3 minutos antes de servir para que el interior termine de asentarse sin secarse. ¡Y listo! 🥔🍳