Capas crocantes que guardan el alma dulce de la sierra. Este alfajor ayacuchano fusiona la rusticidad de la manteca con la melosidad profunda del camote y la chancaca, coronado por el crujido del ajonjolí y maní. Un tesoro de panadería que equilibra tradición y textura. El sabor eterno de Ayacucho.

Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.

Mezcla la harina, la sal y la manteca con la punta de los dedos hasta formar una arena gruesa. Agrega los huevos y la leche poco a poco, solo hasta unir una masa suave; no la amases como pan.
Cubre la masa y deja reposar 20 minutos. Debe sentirse más relajada y fácil de estirar, pero seguir compacta y grasa al tacto.
Cocina el camote con el agua por 18 a 22 minutos, hasta que esté muy tierno. Escurre, pela si hace falta y prensa mientras sigue caliente para obtener un puré liso.
Hierve la chancaca con el agua, la canela, el clavo y el anís por 10 minutos, hasta que se disuelva y huela oscuro y especiado. Cuela la miel para retirar las especias.
Mezcla la miel con el puré de camote y cocina 18 a 22 minutos, moviendo seguido, hasta que el relleno esté espeso, brillante y se despegue lento del fondo. Tuesta el maní y el ajonjolí, pícalos grueso e incorpóralos al final.
Divide la masa en 3 partes y estira cada una en lámina rectangular fina. Pásalas a bandejas con papel manteca y hornea a 180 °C por 14 a 18 minutos, hasta que estén doradas, secas y quebradizas.
Deja enfriar las láminas 10 minutos y arma capas: masa, relleno de camote, masa, relleno y masa. Presiona apenas, reposa 15 minutos y corta en 10 porciones con cuchillo de sierra para no destrozar las capas.