
Desayuno emblemático del Callao: pan francés de corteza crocante, pejerrey arrebozado recién frito, lechuga fresca y sarsa criolla de cebolla, ají limo y limón. El pescado queda dorado y ligero mientras la sarsa aporta el golpe ácido que despierta todo el sánguche. Un clásico chalaco hecho para comerse caliente y sin esperar.

Un salvavidas criollo de arroz graneado y atún. El ají panca, la zanahoria y las arvejas le dan color y fondo sin convertirlo en un guiso pesado, mientras el atún entra al final para mantenerse jugoso. Sencillo, rendidor y de esos almuerzos que hacen trabajar muy bien lo que había en la despensa.
Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.


Huevos revueltos suaves con champiñones dorados, cebolla morada y pimiento rojo. Los vegetales se cocinan primero hasta concentrar su sabor y perder el exceso de agua; recién entonces entra el huevo a fuego bajo para quedar tierno y cremoso. Mucho volumen, una sola sartén y nada de revuelto aguado.