Convierte lo que encuentras en una experiencia que realmente puedes llevar a tu cocina.


Un antiguo dulce limeño convertido en crema de camote. Denso, sedoso y profundamente dulce, lleva canela, clavo, yemas y vino hasta ese punto brillante de los postres de convento que se comen despacio y se recuerdan por años.
50 min
Un pan dulce nacido en Chancay, de miga suave, ligeramente elástica y aroma inconfundible de anís y ajonjolí. Dulce sin empalagar y perfecto para desayuno o lonche, conserva ese carácter sencillo de panadería peruana que pide partir otro apenas terminas el primero.
110 min
Bebida arequipeña caliente, cremosa y especiada, hecha con arroz, frutos secos, coco, canela y leches concentradas. Es de esas tazas antiguas que abrigan sin pedir permiso: dulce, aromática y con cuerpo sedoso. Se sirve bien caliente, con un toque opcional de aguardiente para mantener su alma de verbena.
25 min
Una joya de la repostería iqueña que transforma la nobleza del pallar en una caricia aterciopelada para el paladar. Su textura, sedosa y profundamente melosa, se entrelaza con el perfume de la canela y la vainilla, creando un manjar rústico pero sofisticado. Es el sabor de la tierra generosa hecho seda.
90 min
Bocadito dulce de fiesta: masa corta de harina, manteca y azúcar en polvo, seca por fuera y arenosa al morder. Se aplasta al centro, se barniza con huevo y se corona con ajonjolí antes de entrar al horno. Pequeñas, quebradizas y hechas para desaparecer de la mesa sin hacer escándalo.
48 min
Mastica rico: arroz integral frío con vegetales crujientes y una vinagreta de sillao y aceite de sésamo con kion. Tiene salinidad, acidez y picor limpio; y al final, palta y sésamo para cerrar textura. Fusión simple, bien amarrada y lista para tupper.
50 min
Crocancia vibrante y perfume oriental que despierta el paladar en segundos. Esta ensalada es el lado fresco del chifa peruano: frejolito chino firme, verduras ligeras y un aliño de sillao, vinagre y ajonjolí que entra limpio. Directa, fresca y con ese brillo salino que corta perfecto platos más intensos.
15 min
El equilibrio perfecto entre el frescor crocante y el umami vibrante. Mediante la técnica tradicional del majado, el pepino se quiebra para absorber cada gota de un aliño agridulce con el aroma profundo del sésamo y el ajo. Es el acompañamiento esencial, ligero y estimulante de nuestra cocina chifa. Directo, fresco y potente.
15 min
Láminas finas de pepino japonés curadas con sal para que queden firmes y crujientes, luego marinadas en un aliño agridulce de vinagre de arroz y salsa de soja. Es sunomono: ácido, limpio y con ese golpe de sésamo al final.
25 min
Textura graneada y noble definida por el súper grano andino y un equilibrio umami oriental. Es una fusión vibrante donde el frescor del pepino y la dulzura del choclo se encuentran con la profundidad de la soya y el aceite de ajonjolí. Una propuesta honesta, nutritiva y llena de carácter.
35 min
Crujiente absoluto y frescura vibrante en un ensamble que despierta los sentidos. Es el alivio perfecto para los días de sol, un plato que celebra la simpleza del huerto con un toque oriental elegante. Ligera, directa y lista para brillar.
18 min
Un dulce afroperuano de Chincha y Cañete que transforma el frejol negro hasta volverlo irreconociblemente goloso. Espeso, oscuro y sedoso, mezcla leche, azúcar y especias hasta alcanzar ese punto de manjar que se despega de la olla, con ajonjolí tostado cerrando cada cucharada. Un postre de antaño que todavía tiene mucho que decir.
100 min
Panecillo limeño pequeño, dulce y aromático, con miga compacta, anís tostado y ajonjolí. Su forma enrollada y su corteza dorada conservan el carácter de la karamanduka tradicional de panadería. Va perfecta tibia o a temperatura ambiente con café, té o chocolate.
100 min
Un pan ceremonial andino con forma de wawa. Dulce, tierno y especiado, aparece en Todos los Santos cubierto de grageas y ajonjolí, listo para compartir, regalar u ofrecer. Su miga suave y el perfume de anís, canela y clavo hacen que el primer corte ya se sienta a fiesta.
190 min
Pollo crocante bañado al final en un glaseado de naranja, sillao, kión y ajo, con un pequeño toque de ají amarillo que lo lleva hacia la mesa chifa peruana. La salsa queda cítrica, dulce y brillante sin tapar al pollo ni convertirlo en caramelo. Se sirve caliente con arroz blanco, cebolla china y ajonjolí.
40 min
Un clásico salado del chifa peruano: pollo crujiente cortado en trozos y bañado con una salsa oscura de sillao, kión y ostión. La costra cede apenas bajo el brillo de la salsa mientras el centro sigue jugoso y el ajonjolí perfuma el final. Es de esos platos que llegan para compartir y terminan negociándose pieza por pieza.
45 min
Crujiente por fuera, jugoso al centro y cubierto por el dulzor ácido del tamarindo: así entra este favorito del chifa peruano. Piña, holantao y pimiento atraviesan la salsa con frescura mientras el ajonjolí deja un tostado breve al final. Es la clase de fuente que llega diciendo «para compartir» y pierde toda credibilidad después de la primera pieza.
40 min
Crocante tradición norteña que se deshace en la boca con un sutil aroma a anís y el alma de Trujillo. Estas roscas entrelazadas son el equilibrio perfecto entre una textura arenosa y un dorado pálido irresistible. Un bocado humilde que eleva cualquier cafecito de la tarde.
55 min
Crujientes y quebradizas, de esas que se rompen con un “crack” limpio: las roscas de yema se hacen con harina, manteca y yemas, perfumadas con anís y vainilla. Se glasean con clara y se terminan con ajonjolí. Un clásico norteño, simple y con técnica.
60 min
Rosquetes: roscas pequeñas, secas y crocantes, con anís que se siente desde el primer mordisco. La masa lleva manteca vegetal, por eso salen bien quebradizas y con dorado parejo. Encima, ajonjolí para el toque tostado.
50 min
Rosquilla seca y crocante en forma de anillo, con perfume marcado de anís y una miga quebradiza de mantequilla y harina. Sale del horno bien doradita, con brillo de yema y un golpe tostado de sésamo. Tradición puneña sin rodeos: suena a galleta y sabe a casa.
60 min
Un tiradito nikkei de bonito, filoso y limpio. La salsa de limón, shoyu, kión y ajonjolí toca las láminas recién al servir, con palta cremosa y ají limo afinando el contraste. Llega frío, brillante y tan ligero que una segunda vuelta parece parte natural del servicio.
25 min
Capas crocantes que guardan el alma dulce de la sierra. Este alfajor ayacuchano fusiona la rusticidad de la manteca con la melosidad profunda del camote y la chancaca, coronado por el crujido del ajonjolí y maní. Un tesoro de panadería que equilibra tradición y textura. El sabor eterno de Ayacucho.
105 min
Turrón crocante de ajonjolí tostado, amarrado con miel de panela al punto: dulce profundo, aroma a nuez y ese “crack” limpio al morder. Es técnica pura: tostar parejo, disolver sin grumos y trabajar rápido cuando la miel está caliente. Enfría, parte y listo: barra sencilla con carácter.
40 min
Un símbolo limeño del Mes Morado construido en capas. Bastones tiernos con perfume de anís absorben una miel oscura de chancaca, frutas y especias, mientras las grageas ponen el contraste festivo. Cuando la miel asoma entre los cortes, la primera porción rara vez queda sola.
100 min